Rabino Sergio Slomianski - La Kehile

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NOTIKEHILE
B”H
Nitzavim Vayelej
 
La sección de la Torá de esta semana nos cuenta que en el día que Moshé Rabeinu estaba por morir reunió a todo el pueblo de Israel para que hicieran el pacto con Hashem. Desde el líder más grande hasta el simple cortador de leña. Estando parados frente a D-os como iguales. Esto era una muestra que para Hashem cada individuo, sin importar su trabajo tiene el mismo potencial de grandeza espiritual, por lo tanto, el pobre cortador de leña que cuida, respeta la tradición y educa a sus hijos como buenos judíos, se eleva al mismo nivel que el rico que apoya a las causas nobles del pueblo judío. Nadie debe sentirse demasiado pequeño o insignificante para poder contribuir con su pueblo y formar parte del pacto entre D-os y la nación de Israel.
 
Se cuenta que en una ocasión en Rosh Hashana, Rabí Levi Itzjak de Berditchev se preparó para tocar el Shofar. Ascendió a la Bimá (plataforma del centro del Templo), dirigió a la congregación con los rezos de “Lamenatzeaj y Min Hameitzar” y entonces esperó hasta que la gente se levantara silenciosamente y estuviera lista para ese gran momento. Todos esperaban ansiosamente, sin poder escuchar ningún sonido del Shofar, entonces para su sorpresa, el Rabí Levi Itzjak quitó el Shofar de sus labios y lo dejó. Parecía que estaba esperando que algo sucediera, la gente empezaba a impacientarse, ¿acaso el gran Rabino había olvidado qué hacer? Finalmente sonrió y les explicó: “mis amigos”, dijo, “en el Templo se encuentra un judío que pasó su infancia entre personas no judías, ya que siendo niño, creció en el ejército del rey. A sus cuarenta años al fin  fue liberado y se le permitió regresar con su gente. Este hombre no había estado dentro de un Templo desde que era pequeño. Él, indudablemente no puede recordar los rezos que escuchó hace tantos años, sin embargo, emocionado por su regreso a la casa de D-os, él desea fervientemente reunirse con nosotros para alabar a Hashem y por lo tanto, logró recordar el poco hebreo que hablaba en su juventud, las letras del “Alef- Beit”, las ha pronunciado con tal sentimiento que se han elevado directamente a los cielos. Es por eso que hice una pausa antes de tocar el Shofar, para que sus letras tuvieran tiempo de llegar a D-os y que Él se encargara personalmente de formar las palabras para nuestros rezos. Ahora ya podemos comenzar a tocar el Shofar”.  Para Rabí Levi Itzjak de Berditchev, la ignorancia de aquél hombre no fue un impedimento para acercarse a D-os, lo importante fue su gran deseo de hacerlo y sus buenas intenciones.

 
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