Nidjei Israel - La Kehile

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Acapulco 70, Colonia Condesa. Teléfonos: 5211.0501, 5211.0713.

Dentro de las normas referentes a la construcción del Santuario del Desierto, se explica la realización de la mesa de los panes de la Presencia. La traducción literal de este concepto simbólico y objeto ritual, que se remonta al éxodo de Egipto, es la mesa de los panes de la Faz, del propio D-os. Este objeto, incluido en el Sancta Sanctórum (kodesh hakodashim) junto al candelabro y al altar de incienso, contenía doce panes que se colocaban cada viernes, se dejaban preparados para el shabat y se sustituyan la siguiente semana. No eran para el consumo, su presencia simbólica tenía como fin mostrar la grandeza de D-os, proveedora del sustento.

Su descripción ilustrativa fue encontrada tanto en manuscritos cristianos como judíos. La Biblia latina llamada Codex amiatinus del siglo 7 llego a identificar el Tabernáculo del Desierto con sus respectivas divisiones y sus objetos sagrados, entre los cuales apareció la mesa de los panes de la Proposición. En el comentario a la mishna de Rabí Moshe Ben Maimón (Maimónides 1135-1204) aparecen unos diagramas que indicaban el lugar exacto de los elementos de culto de la época del Desierto, así como los del templo jerosolimitano, explicando su significado y ubicación. Con estos diagramas Maimónides creó la tipología de los objetos ceremoniales antiguos, representados sobre todo en los manuscritos medievales sefaradim.

La sinagoga Nidje Israel, gracias al artista Elías Lifshitz, rescata este objeto de culto ya inexistente, aquel de la mesa de los panes de la Faz, y le dan lugar privilegiado en el muro contiguo al Aron Hacodesh, rememorando su simbología. Este, como los demás elementos simbólicos de la sinagoga, fueron sugeridos por los rabinos Rafalin y Avigador a los arquitectos. También Don Shimshon Feldman intervino en todos los asuntos de esta construcción, cuando fue el presidente de la comunidad. El artista israelí residente en Cuernavaca, Adir Ascalon, realizó la representación de las Doce Tribus que están sobre el Aron Hacodesh, los leones alados monumentales y la ner tamid.

Antes de entrar al salón principal –Bet Hakneset Hagadol Abraham Gerson- hay dos placas conmemorativas: una en Yiddish con fecha de 1965, de la inauguración, y la otra 1993, en español, con el año de la remodelación de edificio. Esto es significativo del proceso de ¨mexicanizacion¨ de la Kehile a lo largo de treinta años.

No tiene fachada a la calle, pues esta sinagoga forma parte de un edificio de seis pisos. A decir su creados, el Arquitecto Pascual Broid, después de estudiar varias alternativas llegue a la conclusión de que la mejor solución era ubicar en la fachada de la calle al edificio de oficinas, pero procurando que su solución formal fuera tal que haga sentir que existe algo mas importante atrás de él y no únicamente oficinas.

El edificio alberga otras instituciones además de las oficinas comunitarias, entre las cuales se encuentran: el Museo Judío y del Holocausto Tuvie Maizel, el centro de Documentación e investigación de la Keila Asquenazí, la Federación Sionista de México, con varias organizaciones del rabino y el cantor, y el Consejo de Mujeres Israelitas.

Tiene un gran salón de banquetes donde está el mural las festividades judías realizado por el pintor Arnold Belkin en 1966. El mural, cuya lectura se dirige de derecha a izquierda y mide 7 x 48 metros, se divide en ocho momentos festivos de pueblo hebreo. A lo largo del muro, figuras y símbolos judíos se mueven en una composición cuasi geométrica, marcando lo que se vislumbraría como el estilo del pintor.  

El elemento central de la sinagoga es el Aron Hacodesh, diseñado por Pascual Broid quien relata:
La base del diseño fue la estrella de David, la cual separé en dos triángulos, ligados entre sí por líneas verticales logrando obtener superficies hiperbólicas con una volumétrica cuya cúspide se dirige al cielo. La madera fue recubierta con una lámina dorada para dar la impresión que es el elemento más importante y rico de la sinagoga.   

Los vitrales los elaboro el artista Leonardo Nierman en dos momentos: mientras se construía la sinagoga realizo las dos columnas que enmarcan el Aron Hacodesh, y casi treinta años después durante los trabajos de restauración en 1997, diseñó los vitrales de las ventanas que rodean el recinto. Paisajes imaginarios en el momento de la Creación, estos vitrales son visiones del Génesis, momentos de integración entre los elementos agua, fuego, viento y tierra que en ciertos instantes de comunión con el sol bañan de tenue luminosidad el lugar.

La bima tiene un mecanismo para hacer ¨qué se la trague la tierra¨ los días que se celebra una boda. La falta de dinero hizo que se usara la imaginación: el ingeniero Raul Pawa recuerda que diseñaron cuatro postes, engranes y un ¨malacatito¨ para subir y bajar este elemento. Esto sigue funcionando de la misma manera el día de hoy cuando se requiere despejar el pasillo central para el paso del cortejo nupcial.  

También se ahorro dinero en el mármol que recubre la pared frontal. Aunque de buena calidad, se compro diferentes medidas para obtener mejor precio. Para las paredes exteriores se utilizo mármol de desperdicio cortado en pequeñas partes con una maquina fabricada por los mismos ingenieros. Las manchas cafés que empiezan a notarse en la pared de mármol delatan la compra de metal no galvanizado.

El templo tiene gran cantidad de ventanas con la idea de resolver el problema de ventilación natural, indispensable en los días de las fiestas mayores en las que se pretendía prescindir del aire acondicionado.

Un Nuevo Espacio Para Una Congregación.


Cuando llegaron los inmigrantes ashkenazim a México en los años veinte se establecieron en el centro casi sin excepción. Pero con el paso de los años y la oportunidad de ahorrar y sentir una cierta estabilidad económica, buscaron salir del centro para vivir en un lugar mejor. En su mayoría se fueron a las colonias Condesa e Hipódromo Condesa, nombre pronunciado por algunos todavía con el Yiddish muy arraigado ¨coloni Pódromo¨, sintiéndose todos unos colonos.

No era un ghetto propiamente pero lo vivíamos como tal. Nuestras murallas eran mentales. Era como si el lenguaje oficial de aquella colonia fuera el Yiddish, y la religión única la judía (…) Bordeábamos el lago de los cisnes –en aquel estanque todos los patos eran cisnes – (…) Aquel escenario civil e idílico no era sino un minúsculo y moderno Chapultepec, pero para nosotros, y para los viejos que discutían y arreglaban el mundo en cada banca, era el Jardín de Edén.

En el barrio se crearon todo tipo de comercios judíos que abastecían a los nuevos colonos de lo necesario para continuar una tradición: tiendas de abarrotes, carnicerías kosher, panaderías y varias sinagogas.   
En 1943 la Kehila Ashkenazi compro un local en Yucatán num. 15 para los rezos y el Colegio Yavne (de orientación religiosa), el que había funcionado por breve tiempo en la calle Jesus Maria num 3. Ese año una pequeña congregación ortodoxa adquirió una casa en la calle Ámsterdam y se inicia como sinagoga y yeshiva. En la misma calle, otro lugar que se ha desplazado a las zonas donde viven los judíos actualmente. Había un local más que funcionaba como casa de rezos en la Avenida México: el Kadima, sede de los Scouts Israelitas de México.

Así, simultáneamente, los asquenazí tenían servicios religiosos en la sinagoga de Justo Sierra en el centro –sede de las oficinas comunitarias – y en las colonia hipódromo Condesa y Condesa, donde cada viernes y sábado se podían ver pequeños grupos de correligionarios caminando hacia la sinagoga.

En los años cincuenta los dirigentes de la comunidad sentían la necesidad de renovar físicamente sus instituciones para actualizarlas y hacerlas más atractivas. Se estudiaron varias opciones hasta que se compro el terreno en la calle Acapulco, y en 1959 se realizo la ceremonia de colocación de la primera Piedra. Fue inaugurado en 1965 después de un difícil proceso por falta de fondos monetarios.

Treinta años más tarde la sinagoga mostraba un claro abandono; aunque había rezos diariamente con pocas personas, rara vez se celebraban fiestas en el salón de banquetes. Esto motivo su remodelación a cargo de Arditti Arquitectos y el Ingeniero Raul Pawa, la cual comenzó al día siguiente de la muerte de El Partiarca, Shimshon Feldman, quien fue velado en el shul. El proyecto de remodelación consistió básicamente en revestir los interiores para darle un aspecto más moderno y agradable. El terremoto de 1985 había dañado ciertas partes que fueron intervenidas, así como el extraordinario mural de Arnold Belkin, restaurado por personal del Instituto Nacional de Bellas Artes.

En el recinto principal se escribió, sobre la madera que sostiene la galería de las mujeres la inscripción Shema Israel, Adonal Elohenu Adonai Ejad: ¨Oye Israel, D-os es nuestro D-os, D-os es Uno¨; la plegaria fundamental del pueblo judío. Esta escrita con enormes letras que rodean tres lados del recinto, la idea –del arquitecto Arturo Arditti – es que los feligreses se sientan envueltos por estas letras de vital importancia. También se agrego en el techo de la sinagoga una ondulación que semeja la tela de talit, el chal que usan los hombres al rezar.

Acapulco 70 ofrece todos los servicios religiosos: entre semana, un grupo de adultos mayores rezan en el shul chico; los viernes en la noche se sirve una cena tradicional para un promedio de doscientos asistentes. Los sábados hay dos minianim, uno a las siete y media de la mañana, otro a las nueve y media en el recinto grande, después del cual se sirve un delicioso cholnt.

Durante las fiestas mayores de Rosh Hashana y Yom Kipur se habilita el salón de banquetes para alojar una gran cantidad de personas. Allí se traslada un hermoso aron hakodesh que era parte del midrash o sinagoga chica para uso cotidiano. Fue remodelada en fechas recientes y cambio radicalmente su aspecto, dejando de tener un sabor tradicional.

Son pocos judíos que viven en la colonia, en su mayoría de la tercera edad o jóvenes artistas e intelectuales ajenos a la vida religiosa. Un personaje que ya forma parte de la vida cotidiana de este shul es el nonagenario Salomón Goldberg, quien en los años veinte abasteció a los judíos del pan tipo europeo cada día.

 
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