Grafología Clínica - La Kehile

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NOTIKEHILE
 
GRAFOLOGIA CLÍNICA.
HOGAR DISFUNCIONAL, VIOLENCIA Y FAMILIA
“INDICADORES DE ABUSO Y VIOLACIÓN”
Dr. Shulem Gavriel Sansoube
11. CUESTIONES LEGALES.

11.2  La mujer violada ante la ley.

En una investigación que realizara en tres medios de gran circulación en la Argentina, la autora logra comprobar la homogeneidad del discurso mítico y su poco sustento en la realidad. De los resultados de investigación la autora extrae las siguientes nociones presentes en el medio objeto de su estudio y que muy probablemente puedan presentarse también en otras latitudes:
La violación es proyectada como un hecho social propio de los medios marginales, es cotidiano aunque excepcional y marginal, es un hecho que la sociedad debe aceptar con resignación condenatoria, aunque confiando en las autoridades su represión legal;
Los medios construyen una imagen "clásica" de los que es una violación a partir de una ínfima cantidad de casos que son informados y siempre a partir de la percepción que sobre los hechos tienen los mismos cuerpos sociales: policial y/o judicial;
Las noticias escatiman informar sobre las violaciones más frecuentes: aquellas que suceden entre personas conocidas en el marco de relaciones de pareja, laborales, de vecindad... Esto refuerza, además, el mito sobre los lugares y momentos cuando ocurren.
El tratamiento de las noticias de violación sirve para alertar sobre los peligros pero, sobre todo, para mostrar una realidad de transgresiones, inseguridades y delitos que se repiten, al mismo tiempo que muestran la importancia y necesidad del control y de la represión... en esta rutina la violación aparece como un riesgo siempre presente, una advertencia preventiva para las mujeres. Carece de sentidos y características que efectivamente tiene para quienes la viven y se convierte en un discurso burocrático, objetivo, lejano. Una especie de boletín de transgresiones sociales inevitables, a la vez que satisface el voyerismo masculino. Estrategia para el control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres a partir del miedo y del castigo por la trasgresión de su salida al mundo público donde es presa del deseo incontrolable de los machos.
La violación no es noticia en sí misma ya que solo será noticia cuando está asociada a otro delito (por ejemplo: al homicidio) o cuando produce efectos políticos, conflictos internos en la justicia o conflictos sociales, perdiéndose en el olvido o quedando como un marco de fondo;
Existe, en el discurso, un divorcio entre violación y violencia.
La violación no es considerada de por sí un hecho violento - hay que demostrar la violencia - noción que lleva implícita el supuesto consentimiento de la víctima lo que reduce la naturaleza delictiva del hecho. Sin embargo, para ser noticia, la violación debe reflejar un "piso mínimo" de violencia y de brutalidad. Así, los medios se ocupan de ciertas violaciones y ciertos victimarios a los cuales la asignación de violencia les sienta particularmente bien... la violación es generalmente aberrante y obra de depravados.
Nos encontramos con una sexualidad extraviada, pero no porque se prescinde del consentimiento de la mujer o ese consentimiento le sea impuesto, sino porque ciertas violaciones implican un apartamiento de lo normal, una trasgresión no solo delictiva sino también sexual... La ausencia de otras violaciones más "civilizadas" en los medios nos impide indagar acerca de las violaciones "normales" a las que las mujeres deben resignarse porque de pronto se induce a admitir que el hombre es diferente de nosotras y tiene instintos que desbordan, que requieren de satisfacción perentoria, son sexualmente agresivos y deben vencer una resistencia que la mujer opone más por el principio de mostrarse honesta que por desearlo verdaderamente.
El cuestionamiento a este pensamiento mítico ha sido históricamente labor del feminismo, respecto de lo cual no hay contradicción. Pero hacia el afuera el cuestionamiento crítico continua. A pesar de que, cómo establece Vigarello, la sociedad (unas más que otras) ha dado pasos importantes para visibilizar la violencia sexual y la violación no como asunto de interés individual, sino como problemática social, persisten en el imaginario nociones profundamente arraigadas que emergen siempre – en el punto ultimo del análisis – para dudar, cuando no se puede condenar, a las víctimas y para exculpar o desnaturalizar los hechos. Nociones que remiten a esencialismos como el ser mujer y el ser hombre, impulsos versus racionalidad, normalidad y aberración, poder y deseo.
La incorporación de otros saberes y de otras disciplinas (como la psicología y la psiquiatría) en el estudio de la violación (lo que Vigarello considera un gran logro para la visibilización de la violación desde la perspectiva del trauma ocasionado a las víctimas) produce nuevas revictimizaciones y nuevos espacios, nuevos discursos, donde las mujeres – principales víctimas de este tipo de violencia sexual – deben explicar y demostrar que realmente lo fueron. El discurso ahora reza: ¡por supuesto que le creemos, solamente permítanos que analicemos su estado mental y su estabilidad emocional para demostrar que está realmente impactada por lo que le sucedió¡ Es necesario, entonces, probar que no se está loca, que no se inventaron los hechos, pero además que se está suficientemente deprimida, ansiosa y afectada en el funcionamiento general, a través de una técnica y del discurso de una disciplina esencialmente ideológica, esencialmente patriarcal. ¡Un círculo perverso que muy pocas logran superar a un gran costo personal¡

 
 
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