Grafología Clínica - La Kehile

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GRAFOLOGIA CLÍNICA.
                                        
HOGAR DISFUNCIONAL, VIOLENCIA Y FAMILIA
“INDICADORES DE ABUSO FÍSICO Y SEXUAL EN NIÑOS Y ADOLESCENTES”
Drte. Shulem Gavriel Sansoube
El maltrato.
Ante la relatividad cultural y las numerosas conceptualizaciones que giran en torno al maltrato infantil, es importante poner énfasis en la satisfacción de las necesidades de los niños al momento de definir qué es maltrato. Esto implica considerar los siguientes criterios en la definición de maltrato:
a) Perspectiva Evolutiva: el comportamiento parental debe ser considerado en relación a la etapa evolutiva del niño, ya que es diferente abandonar a un niño de tres meses, que a un adolescente. Ya que dichas conductas que podrían ser apropiadas para la crianza de niños pequeños (como un alto grado de coacción) pierden sentido y propiedad tratándose de jovencitos.
b) Presencia de Factores de Vulnerabilidad del Niño: para hablar de maltrato se deben considerar las necesidades específicas del menor, es decir, si un niño posee una enfermedad crónica, va a requerir cuidados diferentes en comparación a uno sano.
c) Existencia de un Daño Real o Potencial: la presencia de daño es uno de los criterios más difícil de comprobar; en general el maltrato físico es el tipo de maltrato que presenta menores dificultades para ser comprobada su ocurrencia, ya que hay signos físicos que evidencian su presencia. Sin embargo, generalmente se ignora el daño psicológico, que a veces es permanente y tremendamente incapacitante. En la actualidad, muchas definiciones incluyen el daño potencial, como un criterio para establecer la presencia de maltrato.
Es difícil establecer una definición del maltrato, ya que ésta dependerá de una gran diversidad de factores, por lo que es importante analizar los diversos modelos que puedan explicarlo para poder así establecer una definición satisfactoria que englobe todos los aspectos que involucran el maltrato.
La enfermedad.
Modelo psicológico-psiquiátrico
Los niños son maltratados por sus padres debido a la presencia de alguna enfermedad psiquiátrica por parte de éstos, como la psicosis. Actualmente existe gran difusión ante la idea de que el maltrato se debe a patologías de los padres.
Las investigaciones a nivel mundial realizadas con esta hipótesis han comprobado que entre un 10% a un 15% de los maltratadores tienen algún tipo de trastorno mental. A pesar de esto, en una gran cantidad de estudios se ha asociado el maltrato a una serie de características de personalidad, que no reflejan una patología, sino un estado de desajuste emocional con síntomas depresivos, ansiedad, baja autoestima, además de dificultades en la estrategia para enfrentar los problemas.
También se señalan algunas características especiales en los niños que provocan mayor probabilidad de conducta maltratadora de los padres:
o   Desventajas físicas.
o   Desventajas psíquicas.
o   Enfermedades frecuentes y severas.
o   Hiperactividad. Retraimiento.
o   Problemas del sueño.
o   Problemas en la alimentación.
El incremento en el maltrato.
En años recientes se ha incrementado el número de niños que ha experimentado alguna forma de maltrato. Según el riguroso criterio operacional utilizado en el más reciente Estudio de Incidencia Nacional (National Incidence Study) realizado en los Estados Unidos, casi  1.6 millones de niños norteamericanos fueron abusados o tratados con negligencia en 1993, un incremento de 149% durante el periodo de siete años entre los estudios.  En 1993, 11.1 niños de cada 1,000 fueron objeto de maltrato y 13.1 de negligencia. Entre esos niños maltratados, 50% tenía menos de siete años de edad y 25% era menor de cuatro años. En el primer estudio de carácter nacional que examinó la incidencia del maltrato infantil en Canadá, emergen estadísticas de similar impacto, con un estimado de 21.52 investigaciones sobre maltrato infantil por cada 1.000 niños en 1998. Es muy importante destacar que las estadísticas canadienses representan solamente una parte de los actuales casos de maltrato, ya que el estudio sólo se centró en  casos investigados por trabajadores del bienestar infantil.
El  crecimiento a raíz de acontecimientos traumáticos es siempre mucho más numeroso que los informes sobre trastornos psicológicos tras el trauma.
El crecimiento post-traumático es un concepto referido a la capacidad del ser humano para afrontar experiencias traumáticas e incluso extraer un beneficio de las mismas. Es un cambio vital en donde la persona  (una vez pasado el proceso de duelo necesario) no retorna a la línea base previa al acontecimiento traumático, sino que se experimenta una mejora personal que para algunas personas es profundamente significativa.
La aproximación convencional de la psicología del trauma se ha enfocado principalmente en los efectos negativos del suceso de la persona que lo experimenta, en el desarrollo del estrés postraumático (TPEP) o sintomatología asociada, donde las reacciones patológicas son consideradas como la forma normal de responder ante sucesos traumáticos. Estudios demuestran que si bien, algunas personas experimentan situaciones traumáticas, llegan a desarrollar trastornos, en la mayoría de los casos esto no es así, algunas incluso son capaces de aprender y beneficiarse de tales experiencias.
Además el crecimiento post-traumático se refiere a un cambio en las personas que va más allá de la capacidad de resistir y no ser dañado por circunstancias muy estresantes (una diferencia fundamental con la resiliencia) sino que implica una mejoría de los niveles de pre trauma de la adaptación.  

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