Grafología Clínica - La Kehile

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GRAFOLOGIA CLÍNICA.
                                        
HOGAR DISFUNCIONAL, VIOLENCIA Y FAMILIA
“INDICADORES DE ABUSO FÍSICO Y SEXUAL EN NIÑOS Y ADOLESCENTES”
Drte. Shulem Gavriel Sansoube
Existe una gran variedad de formas que los investigadores, han desarrollado para interpretar las conductas antisociales, sin embargo podemos agrupar muchas de ellas en 2 clases:

a.    Fallas en la adquisición de actitudes y conductas opuestas a las acciones antisociales.
b.    Los esfuerzos encaminados a explicar la manera de adquirir actitudes y conductas antisociales.
Este planteamiento está sustentado en la idea de que existe un proceso de aprendizaje, tanto para realizar conductas antisociales como para no llevarlas a cabo, en tal situación de aprendizaje es obvia la gran influencia que tiene el ambiente familiar en el que actúa el menor para que en su desarrollo no esté involucrado en hechos antisociales. El estudio de la familia en relación con la conducta antisocial ha sido analizado en el papel que desempeña como mediadora de la cultura y la sociedad, de donde partimos que los menores aprenden normas, habilidades y motivaciones que de algún modo conforman patrones culturales, sociales o de la clase en que se desarrollan.
Concretamente, el estudio del funcionamiento familiar y su relación con las conductas problemáticas, ha sido abordado desde tres perspectivas: las relaciones afectivas, las prácticas educativas de los padres y los procesos de modelamientos de los padres y/o hermanos mayores.
La forma en cómo influye el ámbito familiar en la presentación de conductas antisociales, consiste en tener en cuenta a la familia entera en función del nivel de desarrollo del menor, debido a que el menor está expuesto en el seno familiar a una serie de estilos interactivos diversos, así como a valores morales de creciente variedad y complejidad. La influencia del grupo familiar sobre el menor, también está reflejada en la manera cómo éste participa en la estructura y en el modo de permitirle interactuar en los distintos contextos o círculos sociales en los que se desenvuelve la familia.
Existe una gran diversidad de factores familiares que afectan al individuo y que aumentan la probabilidad de realizar conductas antisociales, es por eso que durante la formación de los individuos se deben sentar bases claras y fuertes que les den fortaleza para que, pese a los posibles conflictos que se puedan presentar dentro del seno familiar, éstos no afecten de esa manera al individuo.
De todos estos factores familiares que se considera que contribuyen a la delincuencia, ninguno ha recibido más atención que los hogares disueltos. Se piensa que el rompimiento familiar tiene un efecto en la delincuencia, principalmente por la reducción en la supervisión, el control y el resultante aumento de asociación con amistades. Los quebrantes familiares persistentes y de largo plazo, así como las relaciones negativas, tienen más probabilidades de generar delincuencia crónica. Se ha demostrado que el rechazo del padre hacia los hijos y viceversa, se asocia con delincuencia y agresividad en casi todos los estudios.
Conflictos, hostilidad, relación paterna mínima con los hijos, carencia de calidez y afecto, así como de apego y supervisión son factores correlacionados de delincuencia y otros problemas de conducta.
Diversos trabajos empíricos han sostenido la idea de que el entorno familiar ejerce gran influencia en el desarrollo de la conducta antisocial. Investigaciones complementarias han señalado que otros factores familiares, operan también en el desarrollo de las conductas antisociales: prácticas de crianza ineficaces y prácticas de disciplina negativas por parte de los padres, transiciones familiares (divorcio y nuevas nupcias), consumo de alcohol y drogas, por parte de los padres, prácticas de crianza indiscriminadas (fijación de límites incongruentes), trastornos psicopatológicos de los padres (conducta antisocial) y adversidad familiar.
Respecto a las características de las relaciones afectivas, al interior del ambiente familiar, se han identificado que tanto la delincuencia como el consumo de drogas se asocian a relaciones tensas y conflictivas en el medio familiar. Esto se ha observado en familias intactas, presencia de ambos padres en el hogar y en hogares desintegrados. La falta de vínculos positivos entre adolescentes y sus padres, la falta de confianza con los padres, los patrones de comunicación poco fluidos o la comunicación rígida e inconsistente en el ambiente familiar, así como el rechazo de los padres y de los hermanos y el ambiente familiar violento, constituyen factores que frecuentemente se asocian con la aparición de conducta antisocial en adolescentes.
Las características relacionadas con las prácticas educativas de los padres se han centrado particularmente en las prácticas de crianza que ejercen los padres, especialmente con estilos excesivamente permisivos y basados en la amenaza y en la hostilidad; el poco apego entre padres e hijos y con un menor grado de supervisión de los padres hacia el adolescente.
Los modelos de conducta que se observan en el ambiente familiar ejercen cierta influencia en la conducta problemática del adolescente. Diversos investigadores, han sugerido que la práctica de conductas violentas, los antecedentes de conducta delictiva y el consumo de alcohol y drogas entre miembros de la familia (padres y hermanos), se asocia a conductas problemáticas en el adolescente, principalmente con las conductas agresivas, autodestructivas y adictivas. La relación con los hermanos, especialmente con los hermanos(as) mayores y aquellos (as) con patrones de conducta problemática, pueden actuar como modelos reales para el reforzamiento de ciertas actitudes y conductas, como el uso de sustancias y la delincuencia.

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