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Calle Cinco de Febrero,
Colonia Álamos, Ciudad de México. Teléfonos: 55302435, 55302757.


Entrar a esta sinagoga provoca una gran impresión porque desde su exterior, que no se diferencia de las casas vecinas más que por una estrella de David muy discreta, nunca  podríamos imaginar lo que nos espera adentro. Al pasar por la puerta principal vemos un salón de fiestas austero y poco iluminado, y al cruzar una segunda puerta aparece la sinagoga colorida, alta, alegre, con un hermosa bimá de madera tallada al centro y el Aron Hacodesh al fondo con una riquísima simbología: leones alados, rollos de la Tora con los Diez Mandamientos, y lo que llama la atención son los instrumentos musicales de madera pintada pegados sobre los nichos poco profundos en la parte superior de área.

La danza y la música acompañaron la vida religiosa del pueblo hebreo desde la antigüedad. La música ritual religiosa fue formalizada durante el reinado del rey David, además se conoce música de la época del éxodo, cánticos de guerra, el de Miriam y el de Deborah. La celebración de las victorias era ejecutada, por lo general, por mujeres que bailaban y tocaban instrumentos del cruce del Mar Rojo cuando Miriam, la profetiza y hermana de Aarón, tomo en sus manos el pandero y danzo en coro (Éxodo 15:20).

Las mujeres también cantaron y danzaron al son de las panderetas y triángulos cuando recibieron al rey Saúl y a David de la batalla contra los filisteos (Samuel I, 18;6).

De acuerdo con el libro de Samuel, que aborda los orígenes de la monarquía Israelita hasta el final del reinado de David, los profetas tempranos evocaban sus acciones por medio de la música.                        
                                                                                                
La sinagoga de Álamos eligió el pasaje del Salmo 150 para coronar el Arca de la Ley, con la representación de los instrumentos musicales y la inscripción de ese versículo sobre el muro.
  
En un descanso del conjunto que conforma el Aron Hacodesh  se lee en Yiddish la palabra Bialystok, lo cual haría pensar que la sinagoga estuvo inspirada en un templo de esa ciudad polaca; pero en realidad ese nombre aparece para recordad a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial que allí perecieron, según los deseos de los señores donadores. La inspiración que dio lugar al estilo y arquitectura de esta sinagoga estuvo en la cuidad de Reizin, Lituania.

Hisotria de Un Shul Lleno de Tradición.

La colonia Álamos era bonita y elegante a principios de los años cuarenta, por eso la eligieron varias familias asquenazím que habían logrado una mejora económica y deseaban salir del centro de la ciudad. En la comunidad nadie tenía coche, y esta colonia contaba con acceso directo en tranvía o en autobús, otra razón importante para la eyección del barrio. Algunas de estas personas construyeron una propiedad, a diferencia de quienes se mudaron a la colonia Hipódromo donde alquilaban la vivienda.

Se organizaban los rezos para shabat en la cochera de la familia Steimberg en la calle Coruña, donde también asistían judíos de la colonia Portales y Narvarte. Las fiestas mayores de Rosh Hashana y Yom Kipur se celebraron por más de cuatro años en la panadería del señor Filler en la vecina colonia Alagarin; el shtrudel de la señora Filler era un agasajo para los correligionarios.

En 1942 se adquirió una casa en la calle Cinco de Febrero y se adapto para los rezos, como tantas casas que han existido previas a una construcción formal. Al fondo, donde ahora está el shul, era un patio y los rezos se hacían en el salón de fiestas.

En esta colonia los judíos se fueron estableciendo en los mismos edificios, como si fueran una sola familia. En la esquina del shul había una tienda enseres imprescindibles para la continuidad de una tradición (aunque también se vendía jamón y otras cosas no tan Yiddish). Pero esta tienda era más que eso: era un lugar de reunión, de chisme, de intercambio de recetas, afuera platicaban y de allí los señores se iban al rezo.

La sinagoga actual se construyó entre 1948 y 1952 a cargo del ingeniero Bregorio Beitman, quien falleció poco tiempo después de concluir la obra (a los veintiocho años de edad). Su hermano Benjamin se encargo de toda la instalación eléctrica. Los trabajos de carpintería los realizo un miembro de la comunidad de apellido Matluk.

Todo el proceso de edificación fue decidido a la falta de recursos. De acuerdo con un testimonio, se le pedían viguetas para construcción a gente ofreciéndoles una alía a cambio. El problema eran los albañiles, sentados en la banqueta esperando a ver quien les iba a pagar. El enorme candil de la sinagoga lo compraron ni más ni menos que ¨El Candil Frances” con recursos que juntaron las señoras. De los libros de la Tora que están guardados en el Aron Hacodesh uno tiene una historia especial: lo trajo el último judío de la comunidad que se había formado en Pachuca, Hidalgo cuando esta comunidad se desintegró porque todos sus miembros migraron al Distrito Federal.

Además se construyo un pequeño departamento en la parte alta para alojar a las personas que respeten shabat y quieran rezar aquí.

A pesar de que ya casi no viven judíos en este barrio, la sinagoga nunca ha dejado de funcionar. De aquí se mudaron a la colonia Hipodromo Condesa y a Polanco, que era toda una novedad en la década de los sesenta. Hoy en día existe un grupo de personas de entre sesenta y setenta años de edad que en su español mezclan continuamente palabras idish. Ellos se encargan de mantener vivo este lugar donde crecieron y al que le tienen mucho cariño, organizan los rezos de shabat a los que asisten entre diez y treinta personas, a quienes se les ofrece arenque y leikaj, una especie de panque marmoteado que allí elaboran.

Recientemente conmemoraron su cincuenta aniversario organizado un evento que llamaron ¨Álamos mí querido shtetl¨. En esa ocasión se sirvió un guisado tradicional que le ha dado fama al shul: el cholnt, a base de frijoles blancos, papas y carne, preparado durante mucho años por Aurora, la portera, quien ¨lo persignaba¨ para que le saliera bien. Ahora lo cocinan las señoras cuando hay una celebración; además hornean y venden roscas sefaradim en este lugar.

Esta es la única sinagoga que nunca ha contado con un rabino propio, no obstante, los correligionarios conocedores de la liturgia han dirigido los rezos sin problema. Hay rezos los martes día de la junta de los directivos; los viernes, en que apenas completan el minian; y los sábados, que asisten unas veinte personas. Todavía se celebran bar mitzvot y otras fiestas aquí; el recinto se llena durante Rosh Hashana y Yom Kipur, días en los que, a diferencia de otras sinagogas, todo aquel que desee puede rezar en este espacio sin condiciones.

Este shul es un espacio cálido y reconfortante. Aquí se siente amabilidad y tradición antigua aun latiendo.

 
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